Vacaciones en la Costa Brava
Hay un momento cada verano, siempre el mismo, en el que estoy en algún punto de la Costa Brava y pienso: esto no puede ser real. El agua que es verde y azul a la vez, las rocas que caen al mar como si alguien las hubiera puesto ahí a propósito, los pinos que llegan hasta el borde del acantilado y se quedan ahí, aguantando.
La Costa Brava me alucinó desde la primera vez. Yo venía de la costa atlántica argentina, que es plana y ventosa y de repente me encontré con esto: calas escondidas, pueblos medievales encima del mar, el Mediterráneo que parece pintado. No es lo mismo. No es mejor ni peor, es completamente distinto.