Contraste de pasados: Anaconda (Horacio Quiroga)

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Contraste de pasados en español

En esta oportunidad vamos a practicar el contraste de pasados: pretérito imperfecto y pretérito indefinido, con el cuento Anaconda de Horacio Quiroga.

¿Quién es Horacio Quiroga?

Es un escritor uruguayo, nació en Salto en 1878 y falleció en Argentina en el año 1937. Escribió cuentos, teatro y poesía. Es uno de los escritores más reconocidos de la literatura latinoamericana, su prosa está relacionada con el naturalismo y el modernismo. Sus cuentos dan una imagen temible de la naturaleza, se la presenta como enemiga del ser humano. El terror siempre está presente en su obra.

Horacio Quiroga

¿Qué significa Anaconda?

Es una serpiente constrictora de la familia de las boas, típica de Sudamérica. Por su gran tamaño, es una de las más grandes dentro de las serpientes, incluso puede atacar a un ser humano. Esto no es algo común, las serpientes solo atacan a los humanos si se sienten amenazadas, lo hacen en defensa propia.

Un dato interesante: Suelen usarse serpiente y víbora como sinónimos, pero en realidad son diferentes. Las serpientes forman parte de la familia de los reptiles y las víboras están dentro de la familia de las serpientes. Las víboras pueden ser venenosas.

Un fragmento de Anaconda: contraste de pasados

“Eran las diez de la noche y hacía un calor sofocante. El tiempo cargado pesaba
sobre la selva, sin un soplo de viento. El cielo de carbón se entreabría de vez en
cuando en sordos relámpagos de un extremo a otro del horizonte; pero el chubasco
silbante del sur estaba aún lejos.
Por un sendero de vacas en pleno espartillo blanco, avanzaba Lanceolada, con la
lentitud genérica de las víboras. Era una hermosísima yarará de un metro cincuenta,
con los negros ángulos de su flanco bien cortados en sierra, escama por escama.
Avanzaba tanteando la seguridad del terreno con la lengua, que en los ofidios
reemplaza perfectamente a los dedos.
Iba de caza. AI llegar a un cruce de senderos se detuvo, se arrolló prolijamente
sobre sí misma removióse aún un momento acomodándose y después de bajar la
cabeza al nivel de sus anillos, asentó la mandíbula inferior y esperó inmóvil.
Minuto tras minuto esperó cinco horas. AI cabo de este tiempo continuaba en igual
inmovilidad. ¡Mala noche! Comenzaba a romper el día e iba a retirarse, cuando
cambió de idea. Sobre el cielo lívido del este se recortaba una inmensa sombra.
-Quisiera pasar cerca de la Casa -se dijo la yarará-. Hace días que siento ruido, y es
menester estar alerta….
Y marchó prudentemente hacia la sombra.
La casa a que hacía referencia Lanceolada era un viejo edificio de tablas rodeado de
corredores y todo blanqueado. En torno se levantaban dos o tres galpones. Desde
tiempo inmemorial el edificio había estado deshabitado. Ahora se sentían ruidos
insólitos, golpes de fierros, relinchos de caballo, conjunto de cosas en que
trascendía a la legua la presencia del Hombre. Mal asunto…
Pero era preciso asegurarse, y Lanceolada lo hizo mucho más pronto de lo que
hubiera querido.
Un inequívoco ruido de puerta abierta llegó a sus oídos. La víbora irguió la cabeza,
y mientras notaba que una rubia claridad en el horizonte anunciaba la aurora, vio
una angosta sombra, alta y robusta, que avanzaba hacia ella. Oyó también el ruido
de las pisadas -el golpe seguro, pleno, enormemente distanciado que denunciaba
también a la legua al enemigo.
-¡El Hombre! -murmuró Lanceolada. Y rápida como el rayo se arrolló en guardia.
La sombra estuvo sobre ella. Un enorme pie cayó a su lado, y la yarará, con toda la
violencia de un ataque al que jugaba la vida, lanzó la cabeza contra aquello y la
recogió a la posición anterior.
El Hombre se detuvo: había creído sentir un golpe en las botas. Miró el yuyo a su
rededor sin mover los pies de su lugar; pero nada vio en la oscuridad apenas rota
por el vago día naciente, y siguió adelante.
Pero Lanceolada vio que la Casa comenzaba a vivir, esta vez real y efectivamente
con la vida del Hombre. La yarará emprendió la retirada a su cubil llevando
consigo la seguridad de que aquel acto nocturno no era sino el prólogo, del gran
drama a desarrollarse en breve”.

Vocabulario

  • Chubasco: lluvia que aparece de manera rápida y violenta
  • Yarará: serpiente venenosa de cuerpo grueso
  • Escama: piel de peces o reptiles
  • Ofidio: reptiles escamosos sin extremidades, de cuerpo muy alargado y estrecho, con la cabeza aplastada, la boca grande y la piel escamosa
  • Lívido: que está muy pálido o es muy pálido
  • Relinchos: voz del caballo
  • Aurora: luz rosada que precede inmediatamente a la salida del sol
  • Yuyo:  hierba silvestre
  • Cubil: lugar cubierto que sirve a los animales salvajes para refugiarse habitualmente y tener sus crías

¿Indefinido o Imperfecto?

Si prestas atención podrás ver que las descripciones en el cuento están narradas en pretérito imperfecto:

Eran las diez de la noche y hacía un calor sofocante. El tiempo cargado pesaba
sobre la selva, sin un soplo de viento. El cielo de carbón se entreabría de vez en
cuando en sordos relámpagos de un extremo a otro del horizonte; pero el chubasco
silbante del sur estaba aún lejos.
Por un sendero de vacas en pleno espartillo blanco, avanzaba Lanceolada, con la
lentitud genérica de las víboras.

Por otro lado, las acciones concretas, que suceden en un momento específico están en pretérito indefinido:

AI llegar a un cruce de senderos se detuvo, se arrolló prolijamente
sobre sí misma removióse aún un momento acomodándose y después de bajar la
cabeza al nivel de sus anillos, asentó la mandíbula inferior y esperó inmóvil.
Minuto tras minuto esperó cinco horas“.

Podemos concluir que generalmente, cuando hacemos descripciones usamos el pretérito imperfecto. Este tiempo nos ayuda a construir un contexto: por ejemplo podemos narrar cómo estaba la noche, cómo era el clima, quién o quiénes estaban presentes, dónde estaba yo en ese momento. Ahora, cuando queremos hablar de una acción concreta, específica, que sucede en un momento puntual, usamos el pretérito indefinido.

Ejemplo: “La noche era tranquila, yo estaba durmiendo, no había nadie en la casa y de repente me despertó un ruido muy fuerte”.

No es fácil contar una historia usando los pasados de manera alternada. Pero como todo, la práctica te ayudará mucho a mejorar tus historias o a narrar fantasías del pasado. No te desanimes y practica mucho el contraste de pasados. Si quieres ayuda sobre este tema o cualquier otro, no dudes en escribirnos.


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